¿El fin del planeta?
Reconstruyendo el reloj
Una lectura desde Mateo 24, Primera a los Corintios 10, Hebreos 9 y el lenguaje temporal del Nuevo Testamento.
Cuando Jesús dijo «entonces vendrá el fin», ¿estaba describiendo automáticamente el último día del planeta?
Tal vez hemos intentado responder esa pregunta mirando primero nuestro calendario. Mateo 24 nos obliga a comenzar en otro lugar: frente a un templo, dentro de una generación y en medio de una transición histórica que aquellos discípulos podían ver con sus propios ojos.
Escucha primero el recorrido completo o continúa leyendo esta versión editorial del Portal.
▶ Abrir episodio en SpotifyHay palabras que parecen tan claras que dejamos de interrogarlas. Fin es una de ellas. La escuchamos y nuestra imaginación puede avanzar inmediatamente hacia una escena definitiva: el tiempo se acaba, la historia se detiene, el planeta llega a su último instante.
Pero en el Portal anterior aprendimos una disciplina importante. Antes de colocar nuestro mapa sobre una profecía, necesitamos descubrir la geografía que ya existía dentro de sus palabras. Ahora debemos hacer lo mismo con el tiempo. Si antes reconstruimos el mapa, ahora tenemos que reconstruir el reloj.
1. La conversación comenzó frente a un templo
Mateo 24 no comienza con una imagen del planeta visto desde el espacio. Comienza con Jesús saliendo del templo. Los discípulos se acercan para mostrarle sus edificios y Jesús responde con una sentencia estremecedora: llegará el momento en que allí no quedará piedra sobre piedra.
Poco después, desde el monte de los Olivos, ellos preguntan cuándo sucederán aquellas cosas, cuál será la señal de su venida y de la consumación de la era.
Antes de preguntar cuándo llega el fin, quizá debamos hacer una pregunta anterior: ¿fin de qué?
Esa pregunta no resuelve por sí sola Mateo 24, pero cambia el punto de partida. Una era puede llegar a su consumación sin que el planeta deje de existir. La palabra fin, por sí misma, no nos dice todavía qué termina. El contexto debe hacerlo.
2. Personas del primer siglo viviendo «los fines»
Aquí aparece uno de los giros más interesantes del recorrido. Pablo escribe a los creyentes de Corinto, recuerda acontecimientos de Israel y afirma que aquellas cosas fueron escritas para advertencia de quienes habían llegado a «los fines de los siglos».
Hebreos utiliza una expresión semejante cuando habla de Cristo manifestándose en «la consumación de los siglos». No estamos leyendo solamente a autores que sitúan toda significación temporal en un horizonte remoto. Estamos escuchando a escritores que interpretan su propia generación como parte de un momento decisivo.
Esto exige precisión. No significa que cada aparición de «fin», «venida» o «consumación» deba recibir automáticamente la misma fecha o referirse exactamente al mismo acontecimiento. Esa sería otra forma de imponer un sistema antes de escuchar el texto.
Pero tampoco podemos caer en el error contrario: leer esas referencias temporales como si no significaran nada para sus primeros destinatarios. Pablo escribe a ellos. Hebreos habla desde su mundo. Jesús habla a discípulos capaces de escuchar, esperar, viajar y sufrir.
3. El reloj también tiene personas
Mateo conserva otra declaración difícil de ignorar. Cuando Jesús envía a sus discípulos por las ciudades de Israel, habla de oposición, persecución y testimonio, y les dice que no terminarán de recorrer aquellas ciudades antes de la venida del Hijo del Hombre.
Otra vez aparece una relación concreta entre tiempo, misión y audiencia. Hay discípulos determinados, ciudades determinadas y una expectativa expresada dentro de su recorrido.
No necesitamos resolver aquí todas las formas en que el Nuevo Testamento utiliza la expresión «venida del Hijo del Hombre». Lo que sí necesitamos es permitir que esos marcadores temporales permanezcan dentro de nuestra lectura.
El lenguaje tiene geografía.
También tiene reloj.
4. «Todo el mundo» tampoco nació en nuestro atlas
Jesús anuncia que el evangelio del reino será proclamado en todo el mundo, como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. Para un lector moderno, expresiones como «todo el mundo» y «todas las naciones» pueden convocar inmediatamente un mapa global contemporáneo.
Pero Pablo puede escribir a los romanos que la fe de ellos era proclamada «en todo el mundo». Eso no significa que la misión cristiana hubiera terminado ni que la Escritura niegue un horizonte más amplio. Significa algo metodológicamente más importante: los autores del primer siglo podían utilizar expresiones universales dentro del horizonte real de su mundo.
Por eso no debemos calcular el tamaño de una expresión bíblica únicamente con nuestro atlas, del mismo modo que no debemos calcular su tiempo únicamente con nuestro reloj.
Mateo 24 comenzó frente al templo. Los discípulos preguntaron por aquellas cosas. Jesús habló de persecución, proclamación, perseverancia y fin. Todo eso pertenece al escenario que debemos reconstruir antes de decidir qué alcance debe tener cada palabra.
5. Dos órdenes tocándose
Imagina por un momento aquel mundo. El templo todavía estaba en pie. Los sacerdotes seguían ministrando. Los sacrificios continuaban. Jerusalén seguía siendo visible y poderosa dentro de la memoria de Israel.
Y al mismo tiempo Cristo ya había muerto y resucitado. El nuevo pacto era proclamado. El Espíritu había sido derramado. El evangelio atravesaba fronteras y el reino era anunciado entre judíos y gentiles.
Lo antiguo todavía podía verse mientras lo nuevo ya había comenzado a manifestarse. Nosotros conocemos esa historia después de los acontecimientos; ellos tuvieron que vivir dentro de la transición.
Ésa es una razón por la cual el lenguaje temporal del Nuevo Testamento merece tanta atención. Sus autores no contemplan solamente un futuro lejano. También intentan comprender el momento extraordinario en el que están viviendo.
La Biblia no cambia de reloj porque nosotros hayamos nacido muchos siglos después.
Primero su mundo. Después sus palabras. Después su tiempo. Y solamente entonces nuestras conclusiones.
Y justo cuando comenzamos a reconstruir el reloj, Jesús pronuncia una frase que hace la investigación todavía más precisa:
«No pasará esta generación hasta que todo esto suceda».
«Esta generación»… ¿a quién estaba mirando Jesús?
Esa es la próxima puerta.
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«Esta generación» — ¿a quién estaba mirando Jesús?
El próximo Portal seguirá esa frase dentro de su contexto antes de convertirla en una conclusión.
Fuentes del recorrido
Mateo 10:23 · Mateo 24 · Romanos 1:8 · Primera a los Corintios 10:11 · Hebreos 9:26 · Apocalipsis 1.
Esta lectura no presupone que todas las expresiones temporales sean equivalentes ni que un solo texto resuelva por sí mismo todo el panorama escatológico. El propósito de este Portal es recuperar contexto, audiencia y horizonte temporal antes de formular una conclusión.
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